Cría de Perdices

La cría de perdices con fines cinegéticos

La perdiz es una de las presas predilectas de los cazadores en nuestro país, pero cada vez son más restringidas las áreas en las que estas aves pueden vivir y criar en libertad. Esto hace que se haga necesario repoblar los cotos de caza con perdices que provienen de granjas de cría.

Se calcula que cada año se sueltan unos cuatro millones de ejemplares de perdiz de pata roja para repoblar los lugares destinados a la caza, pero ¿supone algún problema el hecho de que estas perdices provengan de granjas?

Los expertos advierten que la cría de perdices en cautividad afecta al comportamiento del animal. En primer lugar porque la forma en la que las perdices están en dichas granjas favorece la aparición del estrés, el cual causa serios problemas de comportamiento. También parece que se pueden comenzar a apreciar cambios en el comportamiento en aves que llevan varias generaciones criándose en cautividad.

Por todos estos motivos, es muy importante controlar bien la procedencia de las perdices para repoblar los cotos, asegurándose no solo de que pertenecen a la especie autóctona, sino también que han sido tratadas lo mejor posible para evitar estas variaciones en el carácter que pueden dificultar enormemente su supervivencia en libertad.

La libre elección de pareja garantiza mejores puestas

Uno de los estudios realizados en granjas de cría de perdices ha revelado que estos animales crían más fácilmente, con mayor rapidez y con más garantías si se permite la libre elección de pareja a la hembra.

Cuando a esta se le impone un compañero a la fuerza es habitual que tarde más en realizar una primera puesta y el número de pollos que salen adelante es menor que si se permite que se emparejen de una manera mucho más natural.

Nuevamente, el estrés parece estar detrás de este problema, siendo la causa de que las perdices pongan menos huevos y que el porcentaje de ellos que llega a eclosionar sea también menor respecto a los de las hembras que se han emparejado con total libertad.

En definitiva, lo que se puede concluir de todos estos estudios es que la mejora de las condiciones de vida y de cría de las perdices en las granjas no solo va a repercutir en el bienestar de los animales, sino que también puede ayudar a producir ejemplares que se adapten más fácilmente a la libertad en caso de que se quieran utilizar para repoblaciones y además contribuye a que se obtengan muchos más polluelos, por lo que se conseguirá un mayor rendimiento.

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