Empatía responsable

El papel de la empatía en la tenencia responsable de los animales de compañía

La gran mayoría de las personas que compartimos la vida con animales de compañía, consideramos que ellos son parte integral de nuestra familia. Sin embargo, como en todo tipo de relaciones, las buenas intenciones y el amor incondicional que les tenemos no garantizan relaciones saludables ni el mutuo entendimiento.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestras relaciones con esos OTROS, tan especiales y diferentes a nosotros?

La respuesta es fácil: empatía. La puesta en marcha no lo es tanto.

Mario Benedetti, escribió “Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?” Resulta que para comunicarnos asertivamente es preciso empatizar y actuar en consecuencia. Si nuestras respuestas no son en este orden podría deberse a que la habilidad que estamos manifestando es la simpatía y no la empatía. En la búsqueda de relaciones armónicas con nuestros animales, la simpatía, aunque es positiva, resultará insuficiente o incluso entorpecerá la comunicación asertiva, pues se trata de una sensación propia ante la situación del otro, a diferencia de la empatía que se refiere a la capacidad de percibir, lo que otro individuo puede sentir. Esta diferencia representa el mayor aspecto a destacar en el entendimiento y la aceptación de otros individuos con los que nos relacionamos.

La empatía es una habilidad cognitiva y emocional, que puede desarrollarse a lo largo de toda la vida y suele ser mejor con aquellos sujetos con los que compartimos más tiempo o tenemos más contacto. Nuestras propias experiencias y nuestra percepción individual de la realidad son factores que intervienen en el grado de empatía que manifestamos.

 

Parte del ejercicio fundamental para desarrollar nuestra empatía y con ello mejorar las relaciones con nuestros animales es procurar no centrarnos en nosotros mismos, intentar no ocuparnos únicamente de satisfacer nuestros deseos y en cambio tomar acciones para saber cómo se siente nuestro animal y actuar en consecuencia. Necesitamos estar abiertos para entender ciertos gestos o expresiones y saber cómo están influyendo nuestras acciones en nuestro animal.

Los problemas de manejo más habituales para las familias que han elegido un loro como animal de compañía son un claro ejemplo de lo anterior. Frecuentemente acuden a consulta propietarios sumamente preocupados y molestos por alguna conducta que manifiesta su loro, como por ejemplo agresión. Las personas explican que se sienten confundidos y decepcionados. De la consulta esperan conocer la forma más eficaz de reprender al ave y así conseguir que deje de manifestar dicha conducta. Difícilmente se muestran, inicialmente, interesados en conocer las posibles motivaciones que ha tenido el animal para reaccionar de esta manera, bien porque creen conocer las causas (aunque en la mayoría de los casos se equivocan) o bien porque sencillamente consideran que el loro no tiene derecho a portarse así después de todo lo que ellos hacen diariamente por él.

En un estudio realizado por la Profesora Maite Garaigordobil de la Universidad del País Vasco se constató que los niños y niñas con alta empatía tenían muchas conductas sociales positivas. Así que, qué tal que nos activamos y nos proponemos llevar a cabo en nuestra vida cotidiana, en todos sus ámbitos, acciones para un bien común que favorezcan la jovialidad, la sensibilidad social, la solidaridad, la cooperación. Al mismo tiempo que evitamos actitudes agresivas, autoritarias, apáticas… Con esto seremos cada vez más empáticos y mejoraremos la calidad de vida de nuestros animales. Además favoreceremos nuestras relaciones laborales, familiares, amistosas… es decir mejoraremos nuestro bienestar y el de todos los que nos rodean.

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